En noviembre, en el viaje a Bruselas, me retaron a tocar la Lacrimosa del Requiem de Mozart al piano, lo intenté, ya que se me da bién sacar los acordes de oido y la conocía, aunque no me acabó de salir bién, supongo que la presión del público presente y del poco tiempo que pude probar.
Hasta aquí, no hay ninguna casualidad.
Al llegar a casa, un poco con la espinita clavada, busqué la Lacrimosa en Spotify, para recordarla y sentarme al piano. Pero encontré la canción Lacrimosa (Mary Ann Meets the Gravediggers and Other Short Stories - 2006) de la cantante Regina Spektor. Y me sorprendió gratamente, voz y piano, cancíones diferentes, se nota que es pianista.
La semana pasada, en uno de los anuncios de promoción de La Sexta, oigo los primeros acordes a piano de una de las canciones (Love Affair) del mismo disco. Un momento de casualidades.
Es evidente que la gran mayoría de casualidades no sirven absolutamente para nada. Aunque a veces nos gusta creer que una casualidad puede cambiarlo todo. Yo soy escéptico, ya no creo en el valor de las casualidades.


