Las calles de Bruselas me devolvieron el reflejo de lo que los demás ven de mí, una imagen translúcida, casi imperceptible.
Hoy, justamente hoy, cumplo 31 reflejos.
Cada año que pasa, mi reflejo se apaga, lentamente se disipa la esperanza de que alguien me vea, un reflejo de que no voy a ser amado jamás.

